Huevos: el acompañamiento en el plato pesa más que el propio alimento

Huevos y colesterol: Belusov advierte de que el riesgo depende de la dieta completa. La OMS fija en un 10 % el tope de grasas saturadas.

Huevos de gallina en un cartón

Foto ilustrativa

El riesgo que se atribuye a los huevos y al colesterol depende sobre todo de con qué se combinan y del conjunto de la dieta, según explicó Belusov en declaraciones a Gazeta.ru. A su juicio, valorar este alimento de forma aislada conduce a conclusiones poco precisas.

El huevo no resulta perjudicial por sí solo, ya que aporta proteína completa, grasas, vitaminas y minerales necesarios para el organismo. La diferencia está en lo que lo acompaña: no es lo mismo comerlo con verduras y pan integral que servirlo junto a embutidos y abundante mantequilla.

Un exceso de grasas saturadas se asocia a un aumento del colesterol malo y a mayor riesgo de aterosclerosis, recordó Belusov. La yema de un huevo grande contiene unos 200 mg de colesterol alimentario, por lo que las personas con trastornos de los lípidos o enfermedades cardíacas deben consultar con su médico la cantidad que les conviene.

La prevención cardiovascular pasa por reducir las grasas saturadas, vigilar el peso y los niveles de colesterol, y mantener una dieta equilibrada, apuntó Belusov. Además, descartó que el huevo garantice por sí mismo una sensación de saciedad prolongada: esta depende del tamaño de la comida, de su contenido en proteínas, fibra y calorías, y del apetito de cada persona.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que las grasas saturadas no superen el 10 % de la ingesta energética total. Entre sus principales fuentes señala la carne grasa, la mantequilla, la nata, el queso y la manteca, y aconseja sustituirlas por grasas insaturadas de origen vegetal o por carbohidratos ricos en fibra natural, como los cereales integrales, las frutas, las verduras y las legumbres.

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