Aduanas de Marruecos: la inteligencia artificial recupera 730 millones de dírhams

La Administración de Aduanas recupera 730 millones de dírhams de importadores tras revisar con inteligencia artificial los valores declarados.

Área de muelle portuario con contenedores de envío apilados y equipos de carga

Foto: Kuehne + Nagel

Los servicios de control de la Administración de Aduanas e Impuestos Indirectos han recuperado 730 millones de dírhams (73.000 millones de céntimos) de varias decenas de importadores. Para lograrlo, recurrieron a herramientas de inteligencia artificial y de análisis de datos, según una investigación de Hespress.

El dinero procede de derechos y tasas aduaneras adicionales cobrados tras una amplia revisión de los valores declarados de mercancías importadas. La actividad de los importadores afectados se concentra sobre todo en Casablanca, Tánger y Agadir. Las auditorías detectaron diferencias entre los precios consignados en las declaraciones y los datos comerciales disponibles sobre importaciones similares.

Cruce masivo de datos

Los inspectores emplearon sistemas informáticos avanzados que procesan grandes volúmenes de información: facturas comerciales, declaraciones de aduana y origen de los suministros. Esos sistemas señalaron indicios de infravaloración de determinadas mercancías, con un impacto de miles de millones en el cálculo de lo adeudado al Tesoro.

El método se basó en el historial de importaciones, en la comparación de los precios declarados a lo largo de distintos periodos y en el contraste entre importadores que trabajan con productos parecidos. Así afloraron variaciones inusuales de precios, cantidades y proveedores.

Estas herramientas también agilizaron la selección de los expedientes. En lugar de examinar por separado miles de documentos, como exige la auditoría tradicional, el control se dirigió a las declaraciones con mayor nivel de riesgo.

Facturas, transferencias y explicaciones

La revisión se extendió a las facturas originales, los documentos de transporte, los justificantes de pago y las transferencias bancarias. El objetivo era fijar la diferencia entre el valor aceptado en el despacho y el que debía aplicarse legalmente, antes de regularizar la situación y cobrar los importes pendientes.

Los controles abarcaron además sospechas de connivencia entre importadores y exportadores extranjeros para manipular la facturación y los valores declarados de toneladas de productos. Los inspectores pidieron a los importadores aclaraciones sobre los precios y las condiciones pactadas con sus proveedores en el exterior. Estas revisiones se hicieron después del despacho, sin frenar el paso de las mercancías por puertos y pasos fronterizos.

Indicios, no pruebas de fraude

Según la misma investigación de Hespress, las diferencias de precio detectadas no constituían por sí solas una prueba definitiva de fraude aduanero. El precio de importación varía en función de las condiciones del contrato, el volumen adquirido, la calidad, los costes de transporte y seguro y la relación comercial entre las partes.

Esas diferencias sirvieron como señales iniciales que obligaban a verificar la documentación antes de revaluar las mercancías. La recuperación de los importes no implica necesariamente que haya existido fraude intencionado en todos los expedientes. La Administración sigue separando los casos ya regularizados mediante ajustes económicos de aquellos que continúan bajo investigación por posibles infracciones.

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