La guerra entre Netanyahu e Irán cambia el equilibrio regional
La guerra entre Netanyahu e Irán ha superado el enfrentamiento directo entre Israel e Irán y ha extendido sus efectos a Estados Unidos, los países del Golfo, Irak, Yemen, Líbano, Siria y Jordania.
Según el texto de referencia, el conflicto comenzó el 28 de febrero con ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán que provocaron la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei. Washington e Israel presentaron la operación como un intento de frenar el programa nuclear iraní. El momento de los ataques generó dudas porque las negociaciones entre Washington y Teherán avanzaban.
Algunos analistas interpretaron la ofensiva como un intento de impedir un acuerdo diplomático. Otros atribuyeron la decisión principalmente al presidente estadounidense Donald Trump. El motivo de la operación sigue siendo objeto de debate.
La respuesta iraní amplió rápidamente el conflicto. Qatar recibió 203 misiles y 87 drones. Arabia Saudí sufrió al menos 38 ataques con misiles y 435 con drones, incluidos ataques contra instalaciones energéticas y objetivos en Riad.
En marzo, un ataque contra la refinería de Aramco en Ras Tanura interrumpió las operaciones de la mayor refinería del reino y contribuyó al aumento de los precios internacionales del petróleo.
Jordania fue atacada 204 veces. Dos militares estadounidenses murieron en uno de esos ataques. También fueron alcanzados los puertos omaníes de Salalah y Duqm.
El estrecho de Ormuz se convirtió en otro frente de la guerra. Según el texto de referencia, 16 buques pertenecientes a la compañía petrolera nacional de Abu Dabi fueron atacados desde el inicio del conflicto. Un miembro de la tripulación murió y 20 resultaron heridos.
Los países del Golfo buscan nuevas alianzas
Arabia Saudí y Kuwait respondieron con ataques contra posiciones de milicias vinculadas a Irán en Irak. Riad insistió en que no buscaba una escalada, pero afirmó que respondería a cualquier agresión.
La guerra también alcanzó Yemen. Los hutíes anunciaron un bloqueo naval contra el transporte marítimo saudí y atacaron infraestructuras relacionadas con las rutas de exportación de petróleo.
El 6 de agosto, misiles balísticos y drones hutíes alcanzaron campamentos militares en Marib y Hadramaut. Las autoridades yemeníes informaron de al menos 30 soldados muertos.
La confrontación también ha afectado el acercamiento entre Irán y Arabia Saudí iniciado en 2023. La relación diplomática había reducido parte de la tensión entre ambos países después de años de rivalidad.
El nuevo conflicto ha vuelto a convertir la seguridad frente a Irán en una prioridad para varios gobiernos árabes.
Israel puede beneficiarse de este cambio porque lleva décadas presentando a Irán como una de las principales amenazas para la seguridad regional. La guerra también puede favorecer la creación de mecanismos de cooperación entre Israel y algunos países árabes.
Arabia Saudí, sin embargo, no ha limitado su estrategia a Israel. Riad mantiene la exigencia de avances hacia la creación de un Estado palestino como condición para una posible normalización con Israel.
El reino también ha reforzado sus vínculos militares con otros países. En septiembre de 2025 firmó un acuerdo estratégico de defensa mutua con Pakistán.
En mayo de 2026, Arabia Saudí activó ese acuerdo mientras sufría ataques iraníes. Pakistán desplegó tropas, aviones y drones, según el texto de referencia.
El 7 de agosto, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron en La Meca un nuevo acuerdo de defensa. El documento establece que un ataque armado contra uno de los tres países será considerado un ataque contra los tres.
El acuerdo no menciona a Irán como adversario. Ankara y Riad también rechazaron la interpretación de que el pacto constituya un eje militar o sectario.
Aun así, el acuerdo refleja la búsqueda de nuevas garantías de seguridad en el Golfo fuera de los mecanismos tradicionales dirigidos por Washington.
Israel amplía sus operaciones en otros territorios
Mientras la atención internacional se concentraba en Irán y el estrecho de Ormuz, Israel amplió sus operaciones militares en territorios vecinos.
El 16 de marzo lanzó una operación terrestre en el sur del Líbano. Ocho días después, el ministro de Defensa israelí afirmó que Israel destruiría localidades situadas junto a la frontera y mantendría el control de zonas hasta el río Litani.
Israel también intensificó sus operaciones en el sur de Siria y mantuvo su ofensiva en Gaza y Cisjordania.
El texto de referencia cita una investigación de código abierto de Al Jazeera que calculó que Israel controlaba cerca de 1.000 kilómetros cuadrados en Gaza, Líbano y Siria a mediados de 2026.
Gaza continúa concentrando una parte importante de la presión internacional sobre Israel. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas concluyó que existían fundamentos razonables para considerar que las autoridades y fuerzas israelíes habían cometido cuatro actos prohibidos por la Convención sobre el Genocidio.
Amnistía Internacional llegó a una conclusión similar y afirmó que Israel había cometido y continuaba cometiendo genocidio contra los palestinos de Gaza.
Israel rechaza esas acusaciones y sostiene que sus operaciones militares están dirigidas contra Hamas y buscan proteger a la población israelí.
El conflicto también ha generado costes para Israel. Irán conserva capacidad de respuesta. Israel afronta críticas internacionales por sus operaciones en Gaza y otros territorios y debe gestionar una campaña militar que se desarrolla en varios frentes.
La evolución de la guerra no permite hablar de una victoria total para ningún actor. El análisis presentado en el texto de referencia sostiene que Israel puede haber obtenido beneficios estratégicos relativos pese a los costes militares, económicos y diplomáticos que enfrenta.
Egipto intenta mantener un equilibrio
Egipto ocupa una posición particular dentro de la crisis.
El Cairo condenó los ataques iraníes contra los países del Golfo y desplegó aviones Rafale y sistemas de defensa aérea para apoyar a sus socios regionales.
Al mismo tiempo, Egipto pidió públicamente el fin de la guerra y mantuvo contactos diplomáticos con diferentes actores.
El presidente Abdel Fattah el-Sisi afirmó que solo Donald Trump podía detener el conflicto. Egipto también participó en los esfuerzos de mediación impulsados por Arabia Saudí, Pakistán y Turquía.
La estrategia egipcia busca proteger sus relaciones regionales y limitar las consecuencias económicas de la guerra. Las alteraciones en las rutas marítimas y energéticas han afectado el suministro de combustible y la actividad económica.
La crisis ha modificado así las prioridades de seguridad en Oriente Medio. Los países del Golfo buscan nuevos acuerdos. Irán enfrenta una mayor presión regional. Israel mantiene operaciones en varios territorios y Egipto intenta evitar una implicación directa.
La guerra entre Netanyahu e Irán ha dejado de ser un conflicto limitado a dos países. Sus efectos alcanzan las alianzas militares, las rutas energéticas, las relaciones entre Irán y los países árabes y el futuro de la arquitectura de seguridad regional.
El resultado dependerá tanto de los combates como de las decisiones que los gobiernos adopten sobre sus alianzas y sus mecanismos de defensa.
