Conflicto en Oriente Medio: Coface advierte sobre repercusiones económicas duraderas

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La distensión observada en Oriente Medio tras varios meses de tensiones entre Estados Unidos e Irán ofrece un respiro a los mercados internacionales. Sin embargo, esta tregua no significa un retorno a la normalidad. En su más reciente informe sobre riesgos país y sectoriales, Coface considera que los efectos económicos del conflicto siguen propagándose por todo el mundo, afectando las cadenas de suministro, la inflación y el crecimiento global.

Ante este escenario, la aseguradora de crédito ha realizado ocho rebajas en las calificaciones de países y cuarenta y cinco modificaciones en las evaluaciones sectoriales, incluyendo cuarenta y una degradaciones frente a solo cuatro mejoras. Esta tendencia refleja la persistencia de vulnerabilidades económicas a pesar de la mejora relativa del contexto geopolítico.

Una región estratégica que sigue bajo presión

Tras más de quince semanas de conflicto, la firma de un protocolo de entendimiento entre Washington y Teherán abrió una etapa de mayor calma. No obstante, Coface advierte que los daños causados a la economía mundial superan ampliamente las previsiones iniciales.

El estrecho de Ormuz continúa siendo una de las principales preocupaciones. Este corredor marítimo representa una ruta esencial para el comercio mundial de hidrocarburos. Las interrupciones registradas en esta zona han afectado a numerosos países dependientes de las importaciones energéticas, especialmente en el sudeste asiático y en la costa oriental africana.

Aunque la situación de seguridad haya mejorado, la normalización completa de los flujos logísticos y comerciales podría tardar varios meses. Empresas y gobiernos continúan operando en un entorno marcado por la incertidumbre.

El crecimiento mundial se desacelera

Hasta ahora, la economía global ha demostrado cierta capacidad de resistencia. Las reservas acumuladas antes de la crisis y la adaptación de la demanda permitieron amortiguar parte del impacto.

Sin embargo, esta resiliencia comienza a mostrar señales de agotamiento. Las primeras consecuencias ya son visibles mediante interrupciones de producción en diversos sectores industriales, mayores costes de financiación y un nuevo repunte inflacionario.

En este contexto, Coface ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento mundial. La entidad prevé ahora una expansión del 2,3 % en 2026 y del 2,5 % en 2027. Esta corrección supone una reducción acumulada de 0,6 puntos porcentuales respecto a las estimaciones anteriores.

El precio medio del petróleo Brent se sitúa en una previsión de 85 dólares por barril para 2026, un nivel que continúa presionando los costes de producción y transporte.

Cadenas de suministro todavía vulnerables

Uno de los efectos más importantes del conflicto se observa en las cadenas de suministro globales. El cierre parcial del estrecho de Ormuz provocó una fuerte reducción del tráfico marítimo. En mayo, apenas 145 buques atravesaron la zona, frente a más de 3.300 en el mismo periodo del año anterior.

Esta situación ha generado retrasos en las entregas, mayores costes logísticos y riesgos crecientes de escasez en algunos sectores. Para protegerse frente a nuevas interrupciones, muchas empresas han incrementado sus inventarios estratégicos.

Sin embargo, esta medida también implica mayores necesidades de liquidez y una reducción de los márgenes de beneficio, especialmente en un contexto financiero más exigente. Coface prevé que las insolvencias empresariales aumenten un 6 % a escala mundial durante este año.

Estados Unidos, Francia y Japón figuran entre los países donde este incremento podría ser especialmente significativo.

Impactos desiguales según las regiones

Aunque el impacto del conflicto es global, su intensidad varía considerablemente de una región a otra.

En Oriente Medio, los países del Golfo son los más afectados debido a su dependencia del estrecho de Ormuz. Esta situación ha provocado importantes contracciones económicas y una reducción de determinadas actividades vinculadas a las exportaciones energéticas.

En Europa, el aumento de los precios de la energía y la prolongación de la incertidumbre geopolítica limitan el consumo y la inversión. La zona euro registraría un crecimiento de apenas el 0,7 %.

En Estados Unidos, el regreso de las presiones inflacionarias representa uno de los principales desafíos. La inflación pasó del 2,4 % en febrero al 4,2 % en mayo, reduciendo el poder adquisitivo de los hogares y afectando especialmente a las familias con menores ingresos.

Asia presenta una situación más diversa. Algunos sectores mantienen un fuerte dinamismo, como la industria surcoreana de semiconductores, cuyas exportaciones han aumentado un 153 % desde principios de año. Otras industrias, en cambio, enfrentan una creciente presión sobre sus márgenes debido al incremento de costes.

En las economías emergentes, especialmente en América Latina, el impacto se manifiesta principalmente mediante una mayor inflación y políticas monetarias más restrictivas. En Brasil, la tasa de interés de referencia alcanza ya el 14,5 %, reflejando los esfuerzos para contener el aumento de los precios.

Una creciente degradación de los riesgos sectoriales

La magnitud de las revisiones realizadas por Coface ilustra el deterioro del entorno económico internacional. Las cuarenta y una degradaciones sectoriales identificadas afectan a diecinueve países y alcanzan tanto a sectores directamente vinculados al comercio internacional como a actividades dependientes de las cadenas globales de valor.

Para Jean-Christophe Caffet, economista jefe de Coface, la reducción de las tensiones en Oriente Medio constituye una noticia positiva, pero no elimina las consecuencias económicas ya desencadenadas.

Según el experto, las perturbaciones acumuladas seguirán afectando la actividad económica, los ingresos y el empleo en numerosos países. Los efectos sobre los flujos comerciales, la rentabilidad empresarial y la confianza de los inversores continuarán durante los próximos meses.

Una recuperación global que sigue bajo vigilancia

La mejora del entorno geopolítico en el Golfo ofrece una oportunidad para estabilizar los mercados internacionales. Sin embargo, las consecuencias económicas del conflicto permanecen profundamente integradas en el sistema productivo mundial.

Entre la desaceleración del crecimiento, las tensiones logísticas, la inflación persistente y el aumento de las insolvencias empresariales, la economía mundial entra en una fase donde la prudencia sigue siendo esencial. Los próximos meses serán decisivos para evaluar la capacidad de gobiernos y empresas para absorber de forma duradera los efectos de esta importante crisis geopolítica.

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