Trauma: meditar con vibraciones en el pecho se asocia a cambios cerebrales
Un ensayo de la Universidad Emory con 116 adultos asocia la meditación con vibraciones en el pecho a cambios cerebrales y menos disociación tras un trauma.
Foto: Universidad Emory
Meditar con atención plena mientras un pequeño dispositivo emite vibraciones suaves sobre el esternón podría modificar la estructura de las vías cerebrales vinculadas a la percepción del propio cuerpo en adultos que han sufrido un trauma. Esto lo indica un estudio de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Emory, publicado en la revista científica Neuropsychopharmacology.
El ensayo clínico reunió a 116 adultos con antecedentes traumáticos y niveles elevados de disociación, un síntoma que lleva a sentirse desconectado del propio cuerpo o del entorno. Entre quienes recibieron las vibraciones durante la meditación se observó un aumento de la densidad nerviosa en una región concreta del cerebro, algo que no apareció en quienes meditaron sin el aparato.
Un ancla física para la atención
Los autores del trabajo, Negar Fani, Alexa Kondas y Timothy J. McDermott, partían de una dificultad conocida: muchos tratamientos de primera línea obligan al paciente a revivir los recuerdos traumáticos, un proceso tan angustioso que numerosas personas abandonan la terapia antes de notar mejoría.
La meditación de atención plena se usa para reforzar la interocepción, es decir, la capacidad de percibir señales internas como el latido o la respiración. Sostener la concentración, sin embargo, resulta costoso para principiantes o personas con mucha ansiedad. Los investigadores plantearon que una sensación externa y tangible ayudaría a devolver la atención al cuerpo cuando la mente se dispersa.
El dispositivo, colocado sobre el esternón, emite una vibración de baja frecuencia que puede sincronizarse con la respiración del usuario o repetirse a intervalos regulares.
Ocho sesiones y resonancias magnéticas
Todos los participantes, asignados al azar a los distintos grupos, completaron ocho sesiones breves de meditación a lo largo de varias semanas. Aproximadamente la mitad meditó con el dispositivo y la otra mitad realizó exactamente los mismos ejercicios sin él.
Antes y después de la intervención, el equipo aplicó una técnica de resonancia magnética que mide la microestructura de la sustancia blanca, el tejido que conecta los distintos centros de procesamiento del cerebro. El aumento de densidad se detectó en el tracto corticoespinal, un gran haz de fibras que transporta señales motoras y sensoriales entre el cerebro y el resto del cuerpo. Un segundo análisis, que reconstruyó en tres dimensiones esta vía en cada participante, confirmó el resultado.
Más conciencia corporal
En los cuestionarios rellenados tras cada sesión, el grupo con vibraciones en el pecho declaró una mejora de la conciencia corporal claramente mayor que el grupo de meditación convencional. La reducción de la disociación, en cambio, fue similar en ambos grupos.
Solo entre quienes usaron el dispositivo el crecimiento de la densidad nerviosa se relacionó directamente con una menor disociación: los cambios estructurales más marcados coincidieron con la mayor mejoría clínica. Los investigadores creen que la estimulación de los nervios sensoriales del pecho podría impulsar al cerebro a reforzar esas conexiones, aunque admiten que el mecanismo biológico exacto sigue siendo en parte especulativo.
Límites del estudio
Los resultados proceden de un análisis intermedio de un ensayo todavía en curso, por lo que se desconoce si los efectos se mantendrán meses o años después de terminar las sesiones. Las mejoras psicológicas, además, se midieron mediante cuestionarios autoinformados. El equipo continuará evaluando esta línea de investigación en salud mental.




