Ciencia y magia: los secularistas con lazos religiosos creen más en fantasmas

Un estudio publicado en Social Forces vincula el racionalismo secular con la creencia en magia y supersticiones en adultos de Estados Unidos.

Una bola de cristal que refleja un árbol

Foto: Balise42 / Wikimedia

Las personas que confían en la ciencia y desconfían de la autoridad religiosa tienden a creer más en la magia y en las supersticiones, siempre que mantengan algún vínculo con una tradición religiosa. Así lo concluye un estudio de sociólogos estadounidenses publicado en la revista científica Social Forces.

El trabajo se apoya en la Baylor Religion Survey de 2025, una encuesta representativa a escala nacional con 1.812 adultos de Estados Unidos como participantes. Según sus autores, el declive de la religión organizada no elimina las creencias sobrenaturales, sino que las desplaza hacia formas individuales.

Tres escalas de creencias

La investigación estuvo dirigida por Paul Froese, sociólogo de Baylor University, junto a Isaiah King, de Carson-Newman University. El equipo elaboró un indicador de «racionalismo secular» que identifica a quienes ven en la ciencia la única vía para comprender el mundo y prefieren basar las decisiones morales en la experiencia humana y no en enseñanzas religiosas.

Los investigadores midieron tres tipos de creencias: los milagros tradicionales atribuidos a Dios; la magia, que incluye fantasmas, maldiciones, la adivinación del futuro, la comunicación con los muertos o la idea de que los objetos inanimados tienen espíritu; y las supersticiones cotidianas, como pequeños rituales para evitar la mala suerte o la incomodidad de comprar una vivienda donde se cometió un asesinato.

Menos milagros, más magia

Quienes puntuaban alto en racionalismo secular se mostraban mucho menos inclinados a creer en milagros. Ese mismo perfil, en cambio, se asociaba con una mayor creencia tanto en la magia como en las supersticiones.

Al controlar variables como la edad, el sexo, la educación y los ingresos, el estudio halló que las personas con más ingresos eran ligeramente menos proclives a creer en la magia. El nivel educativo no mostró una relación estadísticamente significativa con ninguna de las tres categorías.

El peso del vínculo religioso

El efecto cambiaba según la relación con la religión. Entre los no creyentes estrictos y quienes nunca asistían a oficios religiosos, el racionalismo no se traducía en más pensamiento mágico ni supersticioso, en línea con las teorías clásicas de la secularización.

La asociación más fuerte apareció entre quienes combinaban esa mentalidad racionalista con hábitos religiosos residuales: personas que seguían creyendo en Dios, declaraban una afiliación religiosa o acudían a la iglesia. Los autores describen este grupo como un espacio cultural híbrido en el que conviven el razonamiento secular y la apertura espiritual.

El fenómeno encaja con lo que los sociólogos llaman «afinidad acotada», una teoría según la cual un compromiso religioso moderado crea un terreno propicio para creencias alternativas.

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