La colección Gelman y Frida Kahlo en el centro de una disputa cultural entre México y España
Una colección de 160 obras de arte mexicano del siglo XX, que incluye 18 pinturas de Frida Kahlo, se ha convertido en el epicentro de un conflicto cultural y jurídico de alcance internacional. La controversia estalló cuando trascendieron los planes de trasladar las obras al Faro Santander, un nuevo centro cultural en el norte de España administrado por la Fundación Banco Santander. Cerca de 400 personalidades de la cultura mexicana firmaron una carta abierta exigiendo transparencia al gobierno y rechazando lo que describen como la salida indefinida de patrimonio protegido por ley del territorio nacional.
La Colección Gelman fue reunida a partir de la década de 1940 por Jacques y Natasha Gelman, emigrantes de Europa del Este radicados en México. En 2023, la familia Zambrano, una de las dinastías empresariales más influyentes del país, adquirió la colección y cedió su gestión a la Fundación Banco Santander, que la rebautizó como “Colección Gelman Santander.” La fundación prevé exhibir las obras en el Faro Santander, un recinto diseñado por el arquitecto David Chipperfield en Cantabria.
La tensión se agudizó tras las declaraciones del director del Faro Santander, Daniel Vega Pérez de Arlucea, quien afirmó ante medios españoles que la colección tendría una “presencia permanente, aunque evolutiva” en el centro. Una carta abierta publicada en e-flux el 18 de marzo, respaldada por historiadores, curadores y artistas, sostiene que el traslado viola la legislación mexicana sobre patrimonio cultural. Entre las obras en disputa figuran 11 pinturas de Kahlo, entre ellas “Autorretrato con monos” (1943) y “Diego en mi pensamiento” (1943), calificadas por los firmantes como indispensables para comprender la trayectoria artística de la pintora.
Un decreto presidencial promulgado a principios de los años 1980 otorga a las obras de Kahlo la categoría de monumentos artísticos nacionales, lo que prohíbe su exportación permanente incluso cuando pertenecen a colecciones privadas. El historiador Francisco Berzunza, uno de los principales firmantes de la carta, declaró al Guardian que el decreto “fue creado precisamente para blindar las colecciones privadas,” y subrayó que continuarán defendiéndolo con firmeza.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum defendió el acuerdo asegurando que las autoridades actuaban conforme a la ley. La ministra de Cultura Claudia Curiel de Icaza insistió en una conferencia de prensa del 30 de marzo en que la colección “no ha sido vendida y solo se exhibe temporalmente.” Banco Santander emitió un comunicado en el que precisó que el acuerdo “no implica una salida permanente de México” y que las obras serían devueltas antes de 2028.
Sin embargo, los críticos mantienen sus reservas. Según diversas fuentes, el acuerdo con Santander se extiende hasta 2030 y puede renovarse por mutuo acuerdo, una realidad que contradice las garantías ofrecidas por el gobierno y alimenta la desconfianza de la opinión pública.
Como primera concesión, Santander anunció esta semana el aplazamiento de la inauguración del Faro Santander de junio a septiembre, a petición del gobierno mexicano. La medida permite prolongar la exposición actual en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, donde cerca de 70 obras de la colección han estado expuestas al público desde febrero, la primera vez en casi dos décadas que los mexicanos pueden acceder a ella en su propio país.
El aplazamiento no resuelve el conflicto de fondo. Las negociaciones entre las autoridades mexicanas, la familia Zambrano y Banco Santander continúan sin que se vislumbre una solución pública. Los firmantes de la carta abierta reclaman transparencia total sobre los términos del acuerdo, una consulta pública sobre el futuro de la colección y una garantía formal de que las obras declaradas monumentos nacionales no abandonen definitivamente el territorio mexicano.
El desenlace de este caso podría sentar un precedente decisivo para la protección del patrimonio artístico latinoamericano frente a las instituciones financieras europeas, y reafirma que el arte no es un simple activo: es memoria, identidad y soberanía.




