Universidad de Barcelona: el concentrado de tomate diario se asocia a mejor atención y memoria

Un ensayo de la Universidad de Barcelona asocia el concentrado de tomate diario con mejor atención y memoria en adultos sanos de 40 a 55 años.

Manos preparando pasta de tomate fresca en una cocina marroquí

Imagen ilustrativa

Comer a diario una pequeña ración de concentrado de tomate durante tres meses se relacionó con mejores resultados en pruebas de atención selectiva y de memoria de caras y nombres en adultos sanos de mediana edad. Un ensayo clínico de investigadores de la Universidad de Barcelona, publicado en la revista científica Antioxidants, recoge estos hallazgos.

Los beneficios observados son modestos. En un subgrupo sometido a resonancia magnética se detectaron además cambios en la comunicación entre ciertas redes cerebrales, y el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína ligada al crecimiento de las neuronas, mostró un aumento que los autores sitúan en el límite de la significación.

Adultos de 40 a 55 años

El equipo, en el que figuran Ricardo López-Solís, Marina Corrado y Rosa M. Lamuela-Raventós, buscó aislar el efecto del tomate por sí solo. Ensayos anteriores combinaban extractos de tomate o licopeno con vitaminas, hierbas o bayas y se centraban sobre todo en personas mayores, lo que impedía saber qué ingrediente explicaba los resultados.

Participaron 47 adultos sanos y no fumadores del área de Barcelona, sin enfermedades crónicas ni deterioro cognitivo, de los que 42 completaron el estudio. Su edad media rondaba los 47 años, dos tercios eran mujeres y casi el 93 % tenía estudios superiores o de posgrado.

El diseño fue cruzado: cada participante pasó por dos fases de tres meses, una con tomate y otra de control, separadas por un mes de pausa, de modo que cada persona sirvió de comparación consigo misma.

Unos 35 gramos al día

En la fase activa, los voluntarios comieron cada día, crudo o cocinado, un concentrado comercial elaborado solo con tomate y sal. La dosis se ajustó al peso, a razón de 0,5 gramos por kilo, lo que equivalió de media a unos 35 gramos, aproximadamente dos cucharadas, con 38,4 miligramos de licopeno.

En la fase de control siguieron una dieta pobre en licopeno, sin tomate, sandía, papaya, pomelo rosa, guayaba ni productos derivados. Un recetario con platos equivalentes, con y sin tomate, ayudó a mantener estable el resto de la alimentación. La dieta, el sueño, la composición corporal y la actividad física se vigilaron con cuestionarios y pulseras de actividad.

Tres pruebas cognitivas

Al inicio y al final de cada periodo se tomaron muestras de sangre en ayunas y se aplicaron tres test: uno de tachado de letras bajo presión de tiempo, para medir la atención selectiva y la velocidad de procesamiento visual; otro con 12 parejas de caras y nombres que debían recordarse 15 minutos después; y un juego de clasificación de cartas para evaluar la flexibilidad mental. Catorce participantes se sometieron también a una resonancia funcional en reposo.

Los análisis confirmaron que, de media, el licopeno en sangre respondió a cada dieta, sin cambios en las calorías, el sueño ni el ejercicio. En la fase de control se mantuvo en 0,40 micromoles por litro, mientras que con el concentrado superó el doble de su nivel inicial de 0,32. Según el umbral fijado por los investigadores, 14 de los 42 participantes no siguieron del todo la dieta en al menos una de las fases.

El licopeno, el pigmento rojo del tomate y principal componente de este alimento clave en la dieta mediterránea, es un carotenoide capaz de atravesar la barrera hematoencefálica. Los autores consideran que el consumo de este alimento podría contribuir a sostener el rendimiento cognitivo en la mediana edad, antes de que el deterioro cognitivo asociado a la edad empiece a notarse.

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